En el marco del Bicentenario de la Primera Constitución Política de Oaxaca y los esfuerzos por dar forma a una nueva, surge una pregunta que puede parecer inusual, pero que remite a la vida cotidiana de la ciudadanía, sobre todo en las ciudades: ¿es posible hablar de participación ciudadana y residuos sólidos urbanos al mismo tiempo?
La respuesta, por obvia, remite a una cadena de certezas simples que bien pueden enmarcarse en el catálogo de universales culturales: no todas las personas poseen un automóvil, pero todas, sin excepción, generamos residuos. Parafraseando a la ensayista mexicana Laura Sofía Rivero, los desechos humanos tienen una cualidad “inquietantemente bella” que nos hermana, es una experiencia compartida por toda la humanidad y, sin embargo, pocas veces hablamos de ese fenómeno como parte de un proceso cultural en que vamos de la mano.
El escritor Juan Villoro lo expresó con claridad en una letanía: «Eres del lugar donde recoges la basura». En otras palabras, nuestra identidad también se define por la responsabilidad que asumimos frente a aquello que, en apariencia, ya no sirve.
En Oaxaca, durante años, la gestión de los residuos sólidos urbanos se limitó a trasladarlos y ocultarlos en otro sitio, considerándolos un problema menor, meramente estético. Sin embargo, esa lógica cambió abruptamente tras el cierre del basurero de Zaachila, un hecho que provocó una crisis sanitaria, un alto nivel de contaminación y gastos excesivos. A partir de entonces, nos enfrentamos a la urgente necesidad de replantear la forma en que gestionamos nuestros propios residuos.
Si decimos ser de la ciudad de Oaxaca o de cualquier otra ciudad, nuestra responsabilidad debería trascender el simple hecho de esperar el camión de la basura por las mañanas en las esquinas de nuestras calles; pues existen múltiples campos de acción y oportunidades para ejercer la ciudadanía y resolver problemas cotidianos que a todas y todos nos atañen; como el caso de la basura.
Lo primero sería un cambio de enfoque:
Actualmente, el artículo 113, fracción III, inciso c de la Constitución Local, menciona los residuos, por primera y última vez, únicamente para asignar su gestión a los municipios, pero esta visión limitada ha demostrado ser ineficaz.
¿Y si la forma de ver el problema es parte del problema?
Al acotar el problema de los residuos a los municipios abrimos la puerta para que se perpetúen los pactos del pasado en los que un solo municipio se encargaba de la basura de más de 20 municipios.
Ya vimos cómo terminó el basurero de Zaachila
Por ello propongo que en el marco del Bicentenario de la Primera Constitución Política de Oaxaca se haga una adecuación constitucional para que se tome en cuenta y se refleje el hecho de que el problema de la disposición final de residuos sólidos urbanos rebasa la capacidad de los municipios y por lo tanto debe ser una preocupación regional.
Poner el problema de la basura en su justa dimensión topográfica, abriría el campo de juego para que más actores se involucren y ¿por qué no? se generen mecanismos de participación, de vigilancia ciudadana y comunitaria.
Así, por ejemplo, un nuevo enfoque sobre el nuevo Centro Integral de Revalorización de Residuos Sólidos Urbanos (CIRRSU) que hoy se construye en San Pedro Totolápam, llevaría necesariamente a una amplia participación ciudadana a la hora de abordar el derecho a la consulta de la población indígena; igualmente podría suceder en materia de estudios de impacto ambiental y vigilancia de las obras, ahí o en cualquier otra parte.
Es posible hablar de participación ciudadana y residuos sólidos urbanos, pero solo avanzaremos si todos accedemos a la misma información, si hay transparencia y si asumimos el problema desde una visión regional, colaborativa y responsable.
Este esbozo de propuesta fue presentado el 11 de febrero en el Primer Encuentro Temático: “Democracia y Ciudadanía”, realizado en la Benemérita Universidad de Oaxaca.
El evento se llevó a cabo en el marco del Bicentenario de la Primera Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, una conmemoración que, además de recordar nuestra historia, abre la puerta a nuevas propuestas para la construcción de la Nueva Constitución de Oaxaca.